domingo, 14 de septiembre de 2025

Simone Weil

 


«Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia, lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto, mucho más que sus dotes como filósofa. Envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero». Dijo Simone de Beauvoir en uno de sus textos biográficos. Albert Camus dijo que era el único gran espíritu de su tiempo, y con estas referencias podemos hacernos una idea del gran corazón y bondad de nuestro personaje de hoy.
Criada en el seno de una familia judía, intelectual y laica hija de un médico reputado y hermana pequeña de un gran matemático ella optó por estudiar filosofía y literatura clásica, accediendo a la Escuela Normal Superior solo con diecinueve años y la nota más alta de toda la promoción seguida de Simone de Beauvoir y salió con veintidós para comenzar su carrera como docente a través de varios Liceos, en los que siempre tuvo problemas con la dirección por sus métodos docentes y su posicionamiento sin ocultarse con los desfavorecidos y las huelgas obreras. Huyó de Paris y trabajó en una planta de Renault, diría que llevaba la marca del esclavo y años después en su época en Marsella trabajó como trabajadora rural.
Era pacifista, anarquista, discutía al marxismo, anti estalinista, discutió con Trosky sobre la situación de Rusia, escribió en la revista La escuela Emancipada y participó en el círculo comunista democrático con Boris Souvarine. Fue periodista en Barcelona y durante la guerra civil española fue voluntaria en la columna Durruti entrando en batalla en el frente de Aragón.
Al llegar la segunda guerra mundial su familia huye a Estados Unidos, en 1942 los visita, pero su estancia fue corta, partió de nuevo ahora a Inglaterra para unirse a la resistencia y comenzar a trabajar como redactora para la Francia Libre del general De Gaulle Y además conoció el cristianismo como una epifanía, siempre critica con la burocracia cristiana y con la iglesia pero conectó de un modo espiritual, de un modo heterodoxo en el que no le interesa mínimamente las tradiciones cristianas.  
En 1943 es diagnosticada de tuberculosis y moriría tras internar en un sanatorio de Ashford, siendo bautizada en la fe cristiana antes de morir. No publicó nada en vida, todas sus obras fueron editadas por sus amigos tras su muerte. Como filosofa anarquista estaba en contra del sufragio universal, una forma de disfrazarse de democracia apartando a los ciudadanos de la participación y verdadera democracia. En estos tiempos en los que se piensa que la democracia consiste en ir cada cuatro años a una urna y votar a un gobernante me hace recordar esta reflexión “Si votar sirviera de algo lo tendríamos prohibido” una lectura para quien la desconozca y una relectura para quien si la conocía, una filosofa apartada y bastante olvidada, tapada por las sombras de sus coetáneos Beauvoir, Sartre, Camu o Focault, pero Weil también fue una filosofa brillante de la Francia del siglo XX.

domingo, 7 de septiembre de 2025

El experimento de Milgram

 

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Stanley Milgram 






Curioso que una gran parte de la población siente simpatía por policías, militares y otros oficios jerárquicos, incluso ven a los niños obedientes como buenos chicos y quieren obediencia en sus propios hijos ¿pero es buena  la obediencia? A otros muchos solo oír la palabra nos da escalofríos y esta pregunta se la hizo Stanley Milgram, un psicólogo neoyorquino que en 1961 comenzó a experimentar después de oír que el MOSSAD atrapaba al criminal de guerra Adolf Eichman al que condenaban a muerte en Jerusalén. La filósofa Hannah Arendt, que era judía y había vivido el holocausto en sus propias carnes decía que Eichman solo era un burócrata, sin más, alguien que solo obedecía y esta idea ya la trabajó en “La banalidad del mal” confesaba no ver maldad en los rostros de aquellos jóvenes carceleros alemanes, solo obedecían y esa opinión le valió muchas críticas.
Colocó carteles por las paradas de autobús de Florida buscando voluntarios para un experimento sobre la memoria en Yale y se le pagaría 4 dólares. Los voluntarios se presentaban y la cosa era simple, estaba el experimentador, el alumno y el profesor se sortearía, el alumno se sentaría con unos electrodos en las muñecas, enormes amplificadores con ruletas que indicaban los voltios. Pero había algo de trampa en aquello y es que al voluntario siempre le tocaría ser profesor, el alumno en realidad era un actor compinchado con el experimentador y los electrodos no llevaban electricidad. El alumno fallaría a conciencia para que el profesor siguiera aumentando el voltaje y probar a donde llegaban. Antes del experimento, Milgram había hecho cábalas con otros psicólogos y psiquiatras.
Llegados a un punto el actor fingía perder el conocimiento y los voluntarios agobiados declaraba su intención de dejar de subir el voltaje a lo que el experimentador decía “Siga por favor” La idea era ver hasta donde se puede llegar solo con la excusa que se obedece una orden. Tras empatizar con ese hombre que sufre descargas y su vida está en peligro ¿cuantos creéis que obedecieron las ordenes en contra de lo que les apetecía hacer como individuo? Milgram y su equipo quedaron escandalizados, un 60% siguieron subiendo el voltaje, a pesar de que era un experimentador al que no conocían de nada, que podían marcharse y 4 dólares de entonces hoy en día no serían ni 30€, no era una fortuna, imaginad si el mandatario es un dictador militar, un alto cargo del ejército o un cuerpo de policía.
Milgram dedujo que al obedecer la persona se sabe objeto, se sabe dominado por otro y eso tiene una cara que no es tan mala y es que solo obedece pero no se hace responsable de sus actos, aprieta el gatillo pero no mata. Los compañeros de Milgram acusaron que al hacerse en Yale, un ambiente muy competitivo puede ser que influenciara así que Stanley Milgram decidió hacer el experimento en otras ciudades y otros países con personas de diferentes clases sociales y principios y ¡Sorpresa! Rousseau se hubiera retorcido en su tumba, los resultados fueron empeorando y el nivel de obediencia era cada vez mayor.
Quizá ahora no creas que los hijos obedientes sea la mejor opción ¿verdad? Igual sería mejor enseñar a pensar de forma crítica. Y este tipo de experimentos nos dan una nueva lectura de los patriotismos y las banderas con los que tan a menudo las clases políticas de todo el mundo juegan y nos invita a repensar la autoridad y la obediencia. Y es que ser libre es una gran responsabilidad porqué supone no solo pensar por sí mismo, además responder por nuestros actos ¿Qué pensáis?

Simone Weil

  «Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contar...